Desde la ventana le veo,
mirando al horizonte de sus deseos,
volcado en sus afanes,
desbrozando la tierra fatigosamente,
con delicadeza le habla, la mima…
¡A ella la quiere más que a mí!
El frio rompe sus manos,
la tierra las mancha.
Esas manos que prodigan mil caricias
y yo…,
mantengo la lumbre encendida.
El calor del hogar le aguarda en cada poro.
Y tarda en venir.
Inquieta,
desde la ventana con la mirada le busco,
le llamo
y se vuelve,
me sonríe
y lanza un beso al aire.
Y yo…,
sigo esperando,
con la lumbre encendida.
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