Reseña de Lecturas
YAGÜE, Pío María. Diario de un taxista. Edición del autor. Madrid, 1996. 330 págs
Pío María Yagüe es el pseudónimo literario de Florentino Yagüe Portillo, nacido en Ocentejo, en la Alta Alcarria de Guadalajara. De su biografía, en la que abundan los datos en este Diario, hemos entresacado algunos que sirvan para presentar al escritor. Sabemos que procede de un matrimonio de pequeños labradores, padres de numerosos hijos, que fue a la escuela de su pueblo hasta los 13 años, momento en que tuvo que dejarla para ayudar en la familia pastoreando ovejas, y que abandonó el morral y la flauta pastoril para cumplir con el servicio militar, entonces obligatorio. Después, ya en Madrid, trabajó en distinto oficios esporádicos (ferrallista de la construcción, repartidor con furgoneta de productos varios…) hasta que llegó a asentarse como conductor asalariado del taxi. Pasados los años y sorteándolos con tino y buen talante, llegó a ser taxista autónomo con licencia y coche propios. A partir del año 2007, jubilado de su profesión, se ha centrado con dedicación intensa en la práctica de la escritura de narraciones breves y asiste con dedicación constante al Taller de Escritura Creativa que se imparte en la Biblioteca Pública “Antonio Mingote”, de Madrid.
El Diario de un taxista, aparece dividido en dos partes, distanciadas en el tiempo por un amplio paréntesis temporal. Recoge, desde los años jóvenes y sus inicios en la profesión de taxista, hasta la madurez como persona y como laborioso y entregado escritor no sólo del Diario sino como poeta ocasional y hombre de bien charlar. Hay en el libro de Pío María Yagüe, además de la crónica del vivir cotidiano de un trabajador que pasa largas jornadas conduciendo el taxi, otros matices en los que detiene su mirada, atenta a los pequeños detalles, que se traduce en el variado anecdotario que compone el volumen. Anécdotas, algunas serias, otras chuscas, graciosas muchas y todas reveladoras del carácter y la bonhomía del autor, que ve a sus familiares, a sus compañeros de profesión, a sus clientes con una mirada de tolerancia y comprensión, la misma que también solicita para él mismo. Transita por todo el libro una suave añoranza, la nostalgia del habitante harto de la gran ciudad por las sencillas alegrías de la vida en el pueblo de su infancia y primera juventud, incidiendo, de manera absolutamente involuntaria, en el tópico literario de la contraposición entre la corte y la aldea, que ya formulara en el siglo XVI fray Antonio de Guevara. El contacto con familia y vecinos y con una naturaleza en la que los árboles, los animales, los colores, los incipientes amores y la orografía del paisaje se expresan con palabras terruñeras, con topónimos alcarreños expresivos y sonoros y el tono sabroso de la conversación, lo que le da a este Diario un marchamo de autenticidad innegable; pero no nos equivoquemos: bajo esta aparente improvisación se adivina un trabajo de selección y revisión concienzudo.
Y llama la atención el matiz poético de muchos pasajes en donde la reflexión y la sensibilidad se aúnan para expresar sentimientos muy hondamente sentidos, y es que Pío María Yagüe, según palabras suyas, le gustaría ser considerado, humildemente, poeta, y poeta en prosa.
Un libro cuya lectura recomiendo por lo que de estimulante tiene para los asiduos del TALLER y como una muestra peculiar de un género, el diario, a cuya práctica los españoles somos bastante reacios.
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