Este año se cumple el centenario de la aparición de “Campos de Castilla”, de Antonio Machado. He releído con atención los poemas que aparecieron en 1912 y los que se añadieron por el autor en la edición de 1917. Declaro mi devoción por don Antonio, hombre en el buen sentido de la palabra, bueno (Autorretrato), y por este libro que ofrece, junto a la interpretación del paisaje real y concreto de Soria, elevado por su poética a la categoría de símbolo, el amor a la naturaleza humilde, los álamos, las violetas, las cigüeñas, las márgenes del río…, y el recuerdo emocionado de la que descansa en el Alto Espino, su esposa Leonor.
Hoy, en medio de otra crisis, como hace un siglo tras el desastre del 98, necesitamos reforzar la fe en el porvenir de nuestro país apoyándonos en la regeneración ética de nuestra sociedad que ha olvidado los principios morales que deben regir entre los ciudadanos, dirigentes y dirigidos. Invito a todos a que recuperen, por medio de esta lectura, la palabra y la lección de vida de Antonio Machado, del humilde profesor de un Instituto rural (Poemas de un día. Meditaciones rurales) para que sea posible el rearme esperanzado que tanto necesitamos.
Pues yo acepto la invitación de muy buen grado, pues quizá A.Machado (junto a Miguel Hernandez) sea uno de los poetas que más me gustan,por su poesía tan llena de vida,por destacar entre otros alguno de sus poemas: A un olmo seco, Caminante no hay camino, Españolito que vienes al mundo o Retrato a los que Joan Manuel Serrat puso música. Jose, leeré esos poemas que comentas.
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