Hace unas semanas, el 23 de junio de 2013, El País sacó a la
luz una colección de 32 poemas de José Bergamín (1895-1983 ). Estaban incluidos
en una carta que el poeta escribió desde
el exilio parisino a su hijo José y su nuera Pilar el 13 de abril de 1969.
El periódico acompaña
a los poemas un amplio reportaje sobre la vida del poeta. Señala las
diferentes etapas de su exilio que inicia al finalizar la Guerra Civil en 1939 y continúa en México, Caracas,
Montevideo y París.
El diario alude también a que “tras su primer regreso a
Madrid, y como consecuencia de haber encabezado en 1963 una carta de apoyo a
los mineros asturianos en huelga dirigida a Manuel Fraga Iribarne… inicia un
nuevo exilio en París”.
Una muestra de
los 32 poemas:
Lo que anda diciendo el río / como el viento
cuando pasa, / es lo que dice la lluvia / cuando cae sobre el agua. / Es lo que
dice en el fuego / el crepitar de sus llamas / es lo que tú estás diciendo /
cuando miras y te callas
El cielo parió una estrella. / Y la envolvieron las nubes
/ en sus pañales de niebla.
Creo muy acertada la reseña recordatoria que haces a José Bergamín. Este poeta y prosista, que estuvo muy próximo en alguna forma a la llamada "Generación del 27", es para mí un "clásico moderno" por su obra, y también por su actitud humana desde un republicanismo comprometido con la izquierda y su catolicismo heterodoxo, incómodo para muchos. Me atrevería a recomendar, además de la Antología sacada por El País, un título que me interesó especialmente en su momento, "Esperando la mano de nieve", que escribió cuando ya era un octogenario bien cumplido.
ResponderEliminarMarce, yo no he leído nada José Bergamín, pero me ha emocionado el poema que incluyes en la reseña y si lo recomienda Jose es más que suficiente para poner manos a la obra empezando a conocer a este poeta y su obra.
ResponderEliminarOtro poema de José Bergamín.
EliminarLa vejez es una máscara: Si te la quitas descubres / el rostro infantil del alma/.
La niñez te va siguiendo / durante toda la vida./ Pero ella va más despacio/
Y tú andas siempre deprisa.
Cuando la vejez te llega, / no es que vuelves a la infancia,
Es que moderas el paso / y al fin la niñez te alcanza.