Noche de insoportable calor de un
final de agosto, en uno de los más urbanos y céntricos barrios de Madrid. Vueltas y más
vueltas, hacia la derecha, hacia la izquierda, la cabeza en los pies
y los pies en la cabecera, la cabeza en la almohada y los pies en alto.Su
paciencia estaba llegando al límite. Ni
lecturas soporíferas de voluminosos bestsellers, ni duchas frías, ni programas
nocturnos de radio, ni películas de autor subtituladas de la 2. Nada provocaba
la aparición de Morfeo.
Hoy estaba condenada al insomnio más
desesperante. Era lunes y había cerrado el bar de enfrente. Hoy por sus
ventanas no saldrían las dulces y relajantes notas de jazz que mágicamente la
embriagaban y la hacían conciliar cada noche el sueño. Tendría que esperar a
mañana.

Típica estampa de verano la que aparece en estas letras,cuesta mucho conciliar el sueño,parece que Morfeo emigrara a climas más frescos en estos dias.
ResponderEliminarEs Madrid en agosto. Ya sabes, Ana, que Morfeo veranea en el Norte. En Asturias se duerme mejor. Con todo, el insomnio también inspira la mente y alivia tu deesperación.
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