Esta
nota, quizás demasiado extensa, va de nostalgias, remordimientos y algunas esperanzas. A lo largo del
verano y lo que va de otoño creo que algo muy importante ha ido cambiando en mi
perspectiva existencial. He viajado a lugares que me retrotraen a un pasado de
vivencias familiares y hogareñas, he disfrutado de la compañía de las personas
que quiero y que me quieren y he recordado con una punzada de
ausencia a los que, definitivamente, ya no están, y también los cambios que han experimentado las
poblaciones y los entornos y los paisajes que ya no son los mismos. Tampoco yo soy
el mismo. La mirada con la que he observado estas mutaciones tenía los colores
desvaídos, esfuminados. Lo condenso en la simplicidad compleja del verso, tan repetido,
del poeta Virgilio en una de sus
"Geórgicas": “Fugit
irreparabile tempus” (“Huye el tiempo de manera irreparable”). Y he
recordado a queridos amigos que he perdido por errores injustificables de los
que siempre me arrepentiré, por las largas ausencias, por la pereza de la
distancia física y mental, y los olvidos …
También
he recorrido parajes, nunca antes pisados por mí, gentes, costumbres, idiomas
distintos, y mi visión parecía que se limpiaba de esta grisura a la que antes
me refería. Para conciliar esta sensación he de agarrarme a otro poeta (debe ser
el otoño) latino, a Horacio, que nos aconseja, en su "Oda primera", seguir el
lema, conocido por todos, y que aquí viene pintiparado: “Carpe diem”.
Sí, es preciso aprovechar el momento presente, disfrutar lo cotidiano sin que
lo empañe la sensación de su fugacidad.
De nostalgias, remordimientos, esperanzas y también de ilusiones estamos todos llenos.
ResponderEliminarJose, yo me quedo con lo ultimo, "Si, es preciso aprovechar el momento presente, disfrutar de lo cotidiano...
Disfrutar del ahora, porque ese ahora ya forma parte del pasado.