domingo, 13 de diciembre de 2015

No estás




No estás

Abro la puerta.... y tu no estás
pero allí sigue tu magia, y en la toalla tu esencia.
Duermo en tu lado de la cama, agarrada a tus almohadas y
entre los pliegues de las sábanas te queiro encontrar.
Los cajones ya vacíos revelan nostalgia
pero la ropa del armario aguardara tu regreso.
Escuchando tus canciones tu voz me emociona...
se desliza una lagrima.
Mi corazón guarda calor, aunque nuestra habitación este ya fria
no quiero calor artificial.
Lameré todo lo que tocaste y te sentiré en mi piel
que esta llena de recuerdos.

Imaginaré tu risa y tus ojos y tu boca...

jueves, 21 de mayo de 2015

Cuadernillo de Notas, 37

Una vez más andamos a vueltas con Cervantes y El Quijote. Resulta abrumadora la fiebre cervantista que se ha desatado en torno a la localización de los restos del autor del Quijote, alimentada, según afirman los responsables, con más de 114.000 euros…, que  proceden de las arcas del Ayuntamiento de Madrid. Arqueólogos, genetistas, forenses, rastreadores del ADN, historiadores, críticos y expertos de toda laya nos han ido proporcionando datos que intimidarían a cualquiera con este culto reverencial por los dudosos fragmentos de huesos del autor de la universal novela. Bien es verdad que, por fortuna, alguno (Francisco Rico) se ha deslindado y ha calificado de tontería la pesquisa acerca de sus huesos. Efectivamente: ¿se pretende hacer un parque temático con una ruta bien exprimida en el barrio de las Letras, con visitas organizadas, previo pago, a la cripta del convento de las Trinitarias, a la casa de Lope de Vega, a la de Góngora, a la de Quevedo y a la del mismo Cervantes? Ni una sola incitación a la lectura de los lances del andante caballero manchego.
¡Qué contraste con el contenido del discurso leído por Juan Goytisolo en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes de las Letras del 2014! El premiado, con brevedad "gracianesca", mostró la significación del Quijote como obra literaria y aludió a la peripecia existencial de Cervantes en la que aún hay sombras no aclaradas. Se reivindicó, siguiendo a Carlos Fuentes, como “de nacionalidad cervantina”, y él mismo se figuró a don Quijote, a lomos de Rocinante, lanza en ristre, arremetiendo contra los esbirros, los corruptos, los mendaces, los desfachatados ladrones, y animaba a los lectores (del Quijote) a no soportar con resignación una sociedad dañada por la corrupción, el latrocinio organizado, el paro, el exilio profesional forzado de los más jóvenes… Y proponía “Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote”.   

martes, 28 de abril de 2015

"Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el Quijote y nunca se atrevió a preguntar"



Para los amantes e incondicionales del Quijote os recomiendo esta charla-coloquio,  que con motivo del IV Centenario de la publicación de su segunda parte tendrá lugar el 13 de mayo a las 19:00 en el Salón de actos de la Biblioteca Regional de Madrid c/ Ramírez de Prado, nº 3, junto al metro y estación de Delicias. 

La conferencia será impartida por José Manuel Lucía Megías, Catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en libros de caballerías, crítica textual y en iconografía del Quijote y presidente de la Asociación de Cervantistas

Al final de la conferencia tendrá lugar una charla coloquio en la que se despejarán todas las dudas y cuestiones que los asistentes propongan al conferenciante, moderada por María Cereijo.

Entrada libre hasta completar aforo.

sábado, 11 de abril de 2015

Continuación del Cuento de Navidad iniciado por José Mora



 Cuento de Navidad iniciado por José Mora y Paloma López.
“…llegó el autobús, ella se subió, pero antes de que se cerraran las puertas él oyó como la camarera le decía, el miércoles nos vemos, le reservaré la mesa del ventanal, y así sin más se quedó solo en la parada del autobús con cara de bobalicón, la mirada perdida, las manos  metidas en los bolsillos de la trenka buscando el cuadernillo de notas.
Continuación
En casa le esperaba como siempre la soledad. Y seguiría oyendo a los redactores cursis de la tele recordándole machaconamente que “en esta noche tan entrañable en la que las familias se reúnen y celebran juntos la cena de Nochebuena….”
Reconoció que no era el momento para haber prolongado la conversación con la camarera más allá de las frases convencionales,  pero se prometió a sí mismo que el próximo miércoles intentaría tener algún detalle especial con ella cuando llegase a la cafetería de la plaza del Almirante.
Cuando llegó el siguiente autobús se subió pacientemente camino de su barrio. Encontró un asiento libre en la zona trasera y continuó con su mirada perdida. Pero ahora  se imaginaba a la camarera acercarse sonriente por el pasillo del bus con su bandeja de alpaca, con su pulcro uniforme, blanco sobre negro, de cafetería distinguida,… hasta que un frenazo del autobús le devolvió a la realidad.
Por fin encontró en los bolsillos de la trenka el cuadernillo de notas y escribió como pudo estas palabras:    soledad, libertad, compañía, compartir, libertad, comunicar, dolor, alegría, satisfacción, miedo, libertad, amor, admiración, soledad, muerte.  Por aquellos días nuestro amigo solitario había leído “Muerte de un apicultor” del escritor sueco Lars Gustafsson cuya lectura le había dejado muy marcado. Por eso venía dispuesto a combatir  la soledad de aquella víspera de navidad escribiendo un sentido monólogo interior. Sin duda alguna  en  su cuadernillo de notas iba a aparecer alguna decisión importante en su vida.

sábado, 14 de marzo de 2015

Continuación de cuento de Navidad de Jose Mora

...Ha esperado pacientemente a que terminara su turno y la ve salir, transfigurada, con plumifero azul eléctrico, gorro atrevido de lana, bufanda de enrollado multicolor y guantes rojos. La ha seguido hasta la parada del autobús y, detrás de ella, le bastaría con tocarla el hombro...CONTINUACIÓN
y decirle simplemente hola, para romper el hielo y tal vez añadir, sales ahora de trabajar, que tarde no? y ella acaso contestaría; es que hoy la gente parece que no se iba a ir nunca, y usted de donde sale? podría preguntar ella tapándose la boca con ambas manos un poco abochornada por su atrevimiento, y él aguantando la risa, mentiría cuando dijera, vengo de dar una vuelta, quería ver encendida la iluminación navideña, y ella a lo mejor seguiría o no hablando y él a pesar de las muchas cosas que quisiera decirle, callaría, solamente vería el rostro de ella iluminando la parada del autobús y quizá...
Pero la realidad era que estaba muy cerca de ella y dudaba entre salir corriendo o hacerse el encontradizo, cuando ella se dio la vuelta y algo sorprendida pero con una amplia sonrisa le dijo; hola,  él muy natural aunque estaba algo nervioso, dijo hola también, ya es hora de recogerse es algo tarde, continuó ella, mirando su reloj de pulsera, y antes de que él pudiera decirle;
sí claro si, ya es muy tarde..., llegó el autobús, ella se subió, pero antes de que cerraran las puertas él oyó como la camarera le decía, el miércoles nos vemos, le reservaré la mesa del ventanal, y así sin más, se quedó solo en la parada del autobús con cara de bobalicón, la mirada perdida las manos metidas en los bolsillos de la trenka buscando el cuadernillo de notas .

domingo, 22 de febrero de 2015

"Distintas formas de mirar el agua"


He terminado la lectura de  la última novela de Julio Llamazares. Es la historia  que le faltaba por escribir al autor nacido en el pueblo leonés de Vegamián, una aldea sumergida bajo las aguas de un pantano.

Como “La lluvia amarilla”, “Luna de lobos”, “El río del olvido” o “Escenas de cine mudo”,  Julio Llamazares continúa ambientando sus novelas en lo rural,  medio en el que  vivió su infancia y adolescencia como hijo de un maestro de escuela en las montañas de León.

Es la historia de una familia que tuvo que emigrar por la fuerza y con mucho desarraigo de Ferreras, uno de los pueblos que como Vegamián y otros más, iba a quedar sepultado por las aguas de un pantano. El Estado había dispuesto un territorio público en la provincia de Palencia resultante de la desecación de una laguna para albergar el nuevo asentamiento de los habitantes de los pueblos afectados. De ahí que a los nuevos poblados le llamarían “la laguna”.

Toda la novela transcurre en el día después del funeral por el fallecimiento del abuelo en una residencia de Palencia. La familia se organiza para llevar las cenizas de Domingo al pantano que cubría el pueblo en el que había nacido, tal como él mismo había pedido antes de morir.

La originalidad del relato estriba en que el autor hace desfilar por sus páginas a todos y cada uno de los miembros de la familia, los cuatro hijos y sus nietos, que en un acertadísimo monólogo interior reflexionan en silencio sobre su relación con el abuelo fallecido y con los demás, sobre todo cómo la existencia de todos ellos quedó marcada por aquel destierro forzado de hace medio siglo.

Aunque la novela parezca rezumar un ambiente de tristeza, no  por ello deja de producir placer en su lectura. Las imágenes que el autor prodiga  al describir paisajes y situaciones se mezclan con los sentimientos que, a pesar de la distancia, con sus altibajos habituales,  mantienen unida a esta familia que se reúne para despedir al abuelo fallecido.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Cuento de Navidad (narración con retraso)

Hoy, víspera de Navidad, se siente empujado a creer que el espíritu cordial que lo impregna todo podría quizás anular su irresolución. Los ventanales empañados de vaho arropan la confortable atmósfera, bienoliente por los efluvios de infusiones, confiterías y licores, más notorios si cabe, en tan entrañables fiestas, como diría el cursi glosador de la televisión. El salón está engalanado con discretos y bien elegidos toques de ambiente navideño, la iluminación es algo más intensa, una suave y apenas perceptible música de fondo evoca el tintín de las campanitas, los abetos, los muñecos de nieve, el trineo de los renos, los patinadores sobre el hielo, el barbado gordinflón, jo-jo-jó, en rojo y blanco…, y no aparece por ningún rincón el temible árbol de navidad; si acaso, alguna flor de pascua pone su llamarada purpúrea encajada en una hornacina estratégica o sobre una repisa vistosa. El tópico navideño se manifiesta delicadamente en todo su resobado esplendor. Hoy no ha sacado el cuadernillo de notas del bolsillo de la trenka, olvidada sobre la silla cercana, ni lleva el periódico con que ampararse. A esta hora de  incipiente anochecida, se le ha acercado y, risueña, no disimula su sorpresa con breves frases musitadas en un tono casi confidencial. Hola, buenas tardes, me alegro de verlo, ¿qué le pongo a esta hora?. Lo de siempre, para no variar, ha respondido él con una mediana sonrisa. Y se siente invadido por una alentadora calidez cuando descubre que, junto al del café, le ha colocado, feliz navidad, otro platillo con dos bombones que parecen dos delicadas joyas.
Se prendó de ella desde el momento en que la vio. Había estado acudiendo, lunes, miércoles y viernes, puntualmente a las diez de la mañana para tomar un café con leche, corto de café en taza grande, acomodado en la mesa del ventanal que se abre a la Plaza del Almirante. Si su observatorio preferido estaba ocupado, ya le daba lo mismo sentarse aquí o allá con tal de que pudiera verla en su ir y venir por el salón. Disfrutaba con su mirada limpia cuando se le acercaba llevando, sonriente, sobre la bandeja de pulida alpaca el ritual solicitado. Adoraba su tierna figura de adolescente que ya ha cumplido los treinta, bajo el pulcro uniforme, blanco sobre negro, de camarera de cafetería distinguida en este distinguidísimo barrio, que no era el suyo ni el de ella. Él, entretanto, fingía repasar las acotaciones de su cuaderno de notas o simulaba ojear el periódico. Nunca se había atrevido a insinuarle su embelesamiento por temor a ahuyentarla. Y así, una semana tras otra, durante casi dos años. Hasta hoy.
Ha esperado paciente a que terminara su turno y la ve salir, transfigurada, con plumífero azul eléctrico, gorro atrevido de lana, bufanda de enrollado multicolor y guantes rojos. La ha seguido hasta la parada del autobús y, detrás de ella, le bastaría con tocarla en el hombro para cerrar este cuento con el final que todos quisiéramos.    

Diciembre, 2014

domingo, 18 de enero de 2015

Viaje a la isla de Madeira


MADEIRA,  UN PARAÍSO EN MEDIO DEL OCÉANO.

 Recogemos en esta crónica viajera  aquellos aspectos que más recordaremos de  los siete días de nuestra estancia familiar navideña en la isla portuguesa que algunos llaman también  “La perla del Atlántico”.

Lo primero que sorprende al llegar a Madeira es un aeropuerto construido sobre el mar, sostenido  sobre un bosque de columnas y robando algo de espacio a una ladera. Pero la sorpresa es aún mayor al comprobar cómo una isla tan montañosa puede disponer de infraestructuras propias del siglo XXI. La isla se sitúa de Este a Oeste con una forma más o menos alargada que  mide 50 kilómetros de largo por 20 de ancho. Se ha dicho también que Madeira parece una embarcación varada en medio del océano, a 900 kilómetros de Lisboa y a una hora de avión al norte de Canarias.

Los profundos barrancos y las afiladas montañas multiplicaban por cuatro las distancias de las antiguas carreteras. Sin embargo, a partir del  año 2000,  Madeira puede presumir de una red de modernas calzadas y autovías que permiten llegar en poco tiempo a todos los lugares habitados pese a su accidentado relieve. Túneles, puentes, teleféricos, todo de moderno diseño, fueron construidos con los fondos europeos en un tiempo record de 10 años. De esta forma, los productos maderienses, como el plátano, el azúcar, el vino, así como toda clase de frutas, verduras y flores pueden ser transportados con razonable rapidez a los centros de venta y exportación, lo cual permite un mayor desarrollo económico de la isla.

 El clima templado y húmedo  favorece una agricultura intensiva en terrazas y bancales en toda la isla. Hasta cuatro cosechas de patatas se pueden recoger a lo largo del año. Una pequeña cabaña de ganadería lanar y vacuno ocupa la zona norte algo más fría. Existe también una amplia red de canales (“levadas”) que permiten el trasvase del agua desde el norte más lluvioso hasta la zona sur más cálida y fértil. Algunas de estas “levadas” fueron construidas en  el siglo XVI por los primeros habitantes de la isla.

Son frecuentes los “miradouros”, espacios adaptados desde los que se pueden admirar impresionantes vistas como el de Eira do Serrado en el Curral das Freiras, o la plataforma construida recientemente sobre el cabo Girao, el acantilado más alto de Europa. En el centro de la isla  se encuentra el Pico do Arieiro, el punto más alto, junto a otras instalaciones militares de la OTAN. Portugal fue fundador de este organismo internacional en 1949. Desde este punto se puede ver el mar en todo el perímetro de la isla.

El turismo, que ya había comenzado en el siglo XIX, se ha visto incrementado en los últimos años  aprovechando las nuevas infraestructuras. Conocida es la celebración del Año Nuevo en Funchal, capital de la isla, de 130.000 habitantes,  a la que acuden numerosos extranjeros para presenciar los ya famosos fuegos artificiales que a las doce de la noche del 31 de diciembre  arden a la vez en toda la ciudad. Hemos contado hasta doce cruceros de gran tonelaje atracados en el puerto en esa noche de fin de año.

Sorprendentes son también las Grutas de Sao Vicente en la costa norte,  cuevas volcánicas que explican el origen de la Isla.  Tubos subterráneos descubiertos en 1886 que se recorren en visita guiada, con explicaciones en portugués e inglés. Dispone también de un centro de interpretación del vulcanismo, con museo y diaporamas que recuerdan  el “Viaje al centro de la Tierra” de Julio Verne. Excelente atractivo para el visitante y una experiencia didáctica de grato recuerdo.

Diferentes medios de transporte se ofrecen al viajero en Madeira,  autobuses panorámicos que recorren los alrededores de Funchal,  excursiones con guía contratadas por las diferentes  agencias de turismo que operan en la capital. O bien coches de alquiler. Esta última opción requiere un conductor experto para sortear las dificultades que presentan las serpenteantes carreteras por sus curvas y pendientes.  Cada una de estas opciones tiene sus ventajas e inconvenientes. Hemos utilizado los tres sistemas, incluso los teleféricos. Uno de ellos sube desde el puerto hasta el pueblo de Monte, desde cuyo santuario se ofrece una espectacular vista de toda la ciudad. Otro funicular acerca al visitante al Botánico, un centro de cultivo de flores y plantas autóctonas junto con otras traídas de diferentes partes del mundo, todas ellas  de caprichosos colores y formas.

Por todo ello nos atrevemos a recomendar este viaje incluso para huir del frío de Madrid o del calor si se hace en verano y asombrarse de esta “hermosura salvaje” como la definió  el portugués Enrique el Navegante cuando la descubrió en 1420.

Cuando regresamos a Madrid por Oporto pudimos ver en el “twiter” la noticia del atentado terrorista a Charlie Hebdo en París. Era el siete de Enero de 2015.

 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

CORAZON



En mis pensamientos perdida,
entre los recuerdos busco...
mi mente revolotea
y en tu profunda y límpida mirada
me encuentro.