domingo, 23 de enero de 2011

Cuadernillo de Notas, 9

Dios está en todas partes. Sobrecogedora advertencia que, con machaconería, tuvimos que oír durante la infancia y adolescencia en la casa, en el colegio, desde el púlpito, en el confesonario. El ojo que todo lo ve se mostraba omnipresente. La ubicuidad divina nos resultaba especialmente agobiadora en los cálidos veranos (piscinas, parques umbríos, campos y playas, rincones oscuros, siesta bajo el castaño, orillas del río). Hoy, la clientela ignora el significado de Gran Hermano y se exhibe con afán y sin pudor, ante el ojo de la cámara, en pos de una celebridad ambigua que le reporte dinero fácil. Millones de ojos de diosecillos fisgones que no ven más allá de sus narices, se regodean ante las pantallas de la TV o de Internet.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.