Los arboles corren, un campo sembrado, una casa, otra más, un viñedo, un campo de girasoles, vacas.
El tren sigue, sigue, siento como si no fuera a pararse nunca.
Pasan horas.
Se detiene, baja gente, sube gente.
Yo sigo en el tren que me lleva de vuelta a casa.
Rayos mortecinos de sol, luz crepuscular que invade el exterior y en mi interior irrumpe la melancolía.
Duermo horas, despierto, sigo aquí inmóvil, esperando mi estación que parece que no llega.
Veo amanecer desde la ventanilla, ya falta poco.
Cuando llegue lloraré, reiré…
El regreso a Ítaca casi siempre provoca nostalgia de lo que se deja atrás (ha sido un paréntesis más o menos largo en la monotonía de la existencia cotidiana). Es por eso por lo que nada más llegar, ya estamos preparando nuestra próxima salida, aunque sea más imaginada que real y no más allá que a la vuelta de la esquina.
ResponderEliminarSigue escribiendo todos los día.
Paloma: Me ha gustado tu poema en verso libre..., porque se trata de un poema, ¿no?
Me gusta tu poema