domingo, 14 de agosto de 2011


Reseña de Lecturas


Flaubert, Gustave


Diccionario de lugares comunes
Biblioteca Edaf. Madrid, 2005. 125 páginas


A lo largo de más de treinta años Flaubert fue acumulando las entradas de este peculiar diccionario, cuyo título original (“Dictionnaire des idées reçues”) hace alusión a los tópicos más frecuentes, heredados de las generaciones precedentes y repetidos por la burguesía francesa del siglo XIX, aceptación que, sin duda, le acarreaba al escritor una no disimulada irritación (“Sólo el corazón es poeta”: este tipo de afirmación hace que tanta gente se crea poeta sin haber compuesto un solo verso. Esta glorificación de la mediocridad me indigna”, dice en una carta su amante Colet). El uso del tópico conlleva pereza mental y se deja arrastrar por un pensamiento generalizado y carente de mínima actitud crítica. Flaubert, como se comprenderá, nunca dio por definitiva y acabada esta obra ya que el proyecto era prácticamente inabarcable. Y, a pesar de ello, este librito ha sido considerado por los estudiosos de la obra flaubertiana como uno de los más característicos de su condición de escritor atento a la realidad en la que vivió.
Recomiendo la lectura de tan escueta obra por la actualidad que sigue teniendo, a pesar del tiempo transcurrido, de las diferencias sociales y culturales que hoy vivimos con respecto al tiempo de Flaubert y de todas las demás circunstancias que se quieran considerar. Hoy como ayer, en Francia, en España y en otros muchos países, la generalización (o democratización) de una forma de conocimiento no excluye la banalización y superficialidad de los saberes: más bien ocurre lo contrario.
La vigencia, en espíritu e intención, de este peculiar Diccionario es evidente: hoy los tópicos más manoseados tienen una presencia y resonancia universal, amplificados en su difusión por la televisión, la radio, la prensa y las redes en las que estamos atrapados. Cierto es que algunos de los que aparecen recogidos en el libro han caído en desuso (“AGRICULTURA. Faltan brazos”; “HISTERIA. Confundirla con la ninfomanía”; “PAÑUELO (de cuello). Utilizarlo para sonarse (la nariz) queda bien”), o han perdido toda referencia para el lector actual porque la realidad social los ha vaciado de sentido (“BAYADERA; FIELATO; RAPÉ, y algunas otras entradas). Aún así, muchos de ellos siguen vivos y se repiten como verdades aceptadas después de más de ciento treinta años. Sirvan como muestras algunos perfectamente identificables: “La gente del campo es más sana que la de la ciudad”; “Los Clásicos: todo el mundo los ha leído”; “Colchón: cuanto más duro más saludable”; “Los ingleses siempre han sido ricos”; “Maquiavelo: considerarlo alevoso sin haberlo leído”; “Escribir: la prosa es más fácil que el verso”; “Las morenas son más ardientes que las rubias”; “El negro, en los trajes, es el colmo de la elegancia”, "El perro es el mejor amigo del hombre", etc.
Tópicos de ayer y de hoy de los que debemos huir como de la peste.

1 comentario:

  1. Hola, soy francis.

    Este es mi microrelato, no se donde va exactamente así que aquí lo dejo:


    La muerte del buen rollo


    “-Su credo es la violencia, su dios el odio y se hacen llamar “Angeles del infierno,””


    Planto bien su pie izquierdo forrado en cuero. Y una tremenda fuerza subió por sus muslos; sus caderas; su espalda, hasta alcanzar sus hombros y de allí casi, por una inercia brutal, se disparo su brazo. Chocando con la cara del otro hombre. Produjese una grotesca y a la vez cómica escena, donde los dientes del segundo hombre se dispararon en todas direcciones; y su cuerpo, dirigido por la cabeza, voló de espaldas o de cara al cielo hasta acabada la energía cinética.

    El primer hombre, el púgil, dio tres pasos hacia el cuerpo inerte ya manchado, con un rojo opaco, toda la parte superior.
    Pateo ligeramente un costado hasta que hubo respuesta de vida. Alzo al herido por el cuello de la camisa y abofeteo sin contemplaciones.

    -Ahora te parezco gracioso, MARICONAZO!!!

    El otro hombre semiinconsciente aun, sollozo un poco, con lágrimas espesas.

    -VA!!!! Perro de paja- Los otros hombre empezaron a reír y acabaron con el silencio que hasta hace poco invadía todos los rincones del bar.- Miguelito, sírvelo un claro-oscuro y despachalo, a mi cuenta- y lanzo en cuerpo sobre la barra.

    Tomo un taburete. Y la noche siguió su cause.

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