Reseñas de lecturas
Zúñiga, Juan Eduardo: Brillan monedas oxidadas
Ed. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona, 2010. 146 páginas
No es tan conocido como debiera Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1929), novelista, ensayista y traductor cuidadoso de la obra escritores de lenguas eslavas como Pushkin, Turgueniev o Chejov. A pesar de ello, sí podemos afirmar que nos hallamos con la obra de uno de los creadores más importantes del panorama narrativo actual.
Ya habíamos tenido ocasión de conocer sus historias relacionadas con la Guerra Civil y los años de la postguerra, publicados en tres volúmenes (Largo noviembre en Madrid, La tierra será un paraíso y Capital de la gloria) que confirmaban la extraordinaria calidad literaria de los cuentos de Zúñiga.
Ahora reseñamos este volumen, aparecido hace un año, que supone una breve antología formada por quince cuentos escritos en distintos momentos de la vida literaria del autor, en los que se muestran escenarios y épocas muy distintos, siempre en un mundo presentado con ese peculiar realismo que en muchos casos trasluce un simbolismo que va más allá de lo que la historia aparentemente cuenta. Los personajes que habitan los mundos que aparecen en Brillan monedas oxidadas buscan, en medio de ambientes, lugares y épocas diversos, un atisbo de felicidad que difícilmente alcanzan. Tanto si la historia se sitúa en una ciudad castellana del siglo XVI, en la que se manifiesta la temerosa situación de los moriscos perseguidos por su condición, como si la acción se desarrolla en una noche madrileña de ahora mismo, en la que una joven repartidora de pizzas recorre en su motocicleta las calles de la ciudad dejando sus encargos, los protagonistas se rebelan contra un destino aciago. Llevan unas existencias vacías y pretenden escapar de la rutina y de los convencionalismos asfixiantes arrostrando riesgos en donde el miedo, la tragedia y la muerte se entrecruzan y todo ello dentro de situaciones que responden a una lógica que a veces roza el absurdo, en espacios abiertos o cerrados pero siempre opresivos.
J.E. Zúñiga maneja con tal maestría el lenguaje literario que casi no se nota que lo es y que nos recuerda la manera diáfana de las narraciones contadas por vía oral, aparentemente desprovista de los recursos habituales de la estilística literaria escrita.
Creo que puede ser una lectura de interés para los seguidores de este blog que pretende suscitar la lectura e incitar a la escritura de la narración breve.
Ya habíamos tenido ocasión de conocer sus historias relacionadas con la Guerra Civil y los años de la postguerra, publicados en tres volúmenes (Largo noviembre en Madrid, La tierra será un paraíso y Capital de la gloria) que confirmaban la extraordinaria calidad literaria de los cuentos de Zúñiga.
Ahora reseñamos este volumen, aparecido hace un año, que supone una breve antología formada por quince cuentos escritos en distintos momentos de la vida literaria del autor, en los que se muestran escenarios y épocas muy distintos, siempre en un mundo presentado con ese peculiar realismo que en muchos casos trasluce un simbolismo que va más allá de lo que la historia aparentemente cuenta. Los personajes que habitan los mundos que aparecen en Brillan monedas oxidadas buscan, en medio de ambientes, lugares y épocas diversos, un atisbo de felicidad que difícilmente alcanzan. Tanto si la historia se sitúa en una ciudad castellana del siglo XVI, en la que se manifiesta la temerosa situación de los moriscos perseguidos por su condición, como si la acción se desarrolla en una noche madrileña de ahora mismo, en la que una joven repartidora de pizzas recorre en su motocicleta las calles de la ciudad dejando sus encargos, los protagonistas se rebelan contra un destino aciago. Llevan unas existencias vacías y pretenden escapar de la rutina y de los convencionalismos asfixiantes arrostrando riesgos en donde el miedo, la tragedia y la muerte se entrecruzan y todo ello dentro de situaciones que responden a una lógica que a veces roza el absurdo, en espacios abiertos o cerrados pero siempre opresivos.
J.E. Zúñiga maneja con tal maestría el lenguaje literario que casi no se nota que lo es y que nos recuerda la manera diáfana de las narraciones contadas por vía oral, aparentemente desprovista de los recursos habituales de la estilística literaria escrita.
Creo que puede ser una lectura de interés para los seguidores de este blog que pretende suscitar la lectura e incitar a la escritura de la narración breve.
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