martes, 28 de febrero de 2012

Camino del Alto Tajo

Es una mañana de abril, donde las gotas de rocío iluminan el sendero y enardecen el corazón del caminante. Son lágrimas puras que se ha dejado la noche en su huída hacia otros lugares lejanos, y penden, temblorosas, ante el inminente azote del sol que se proyecta ya allá en la lejanía.

La vereda culebrea asida al brazo del arroyo, sin que en ningún momento les falte su fiel séquito de lianas, zarzamoras y madreselvas.

La constante risa del agua y la albura de los árboles en flor desbordan la emoción; el énfasis del caminante, que no sabe en qué rama poner sus pupilas; no sabe en qué trino poner su escucha; no sabe de qué pétalo inhalar mejor.

Camina, absorto, entre los huertos y bancales donde antaño jugara él a ser hortelano. A veces se para a conversar con gentes que fueron talladas en bronce, que a esa hora se hallan ya adobando la tierra.

Más adelante pasa bajo el nogal milenario, de vientre socavado y brazos ávidos por alcanzar lo más azul de la mañana. “Es el emblema; es la bandera de la cañada”, murmura para sí.

Sobre el ribazo, algunos robles le muestran al viajero toda la fuerza y verdad de su historia, y más hacia el cerro, es el romero el que hace llegar hasta sus oídos su dulce zumbido de miel.

Al llegar al collado, allí donde el viento se deshace en letanías y susurros, el viajero se detiene y escucha la proclama del río Tajo; ¡del Alto Tajo! Con ello, su corazón se dilata y comprende, por primera vez, que el hombre de la mar se encandile con el murmullo de las olas.

Aupado por su propia aureola, el caminante se dirige al encuentro del agua viajera, en tanto sus labios van dejando en libertad, sendero adelante, todo el enjambre de palabras que lleva en su pecho prisioneras:

“¡Alto Tajo, Alto Tajo! Cuántas veces, ayudado por el viento, quisiste, con tu murmullo, convertir mi corazón, pero, ¡ay!, que éste no se hallaba abonado y vagaba estéril como el erial. Pero, ¿por qué ahora? ¿Por qué en esta mañana de abril lo has fecundado al fin?

Sí, ahora oigo claro tu canto; tus notas llegan a mis oídos como caricias de madre. ¡Dime, dime tú, Alto Tajo! ¿A qué puede compararse el aire perfumado que yo ahora respiro?, pues siento tu suave brisa besar mi rostro, y siento, también, que mi corazón algo quiere decirte. Tal vez quiera arrullarte, lo mismo que la tórtola arrulla a los álamos del viejo molino. Yo, ya me ves, me hallo aquí, acurrucado en tu orilla, abusando, quizá, de tu blanda candidez, puesto que tus espejeantes aguas no cesan de besar mis pies cansados y deformes.

¡Alto Tajo, Alto Tajo! Bien podría decirse que yo nací en tu ribera. Y fuiste tú, antes que nadie, quien primero me habló del color de mis ojos; y de mi pelo. Sabrás, también, que fueron los brazos de mi madre quienes me trajeron y me bañaron en ti. Después lo harían los nidos de la enramada y el rizar de las mariposas. Luego la verde hierba de tus orillas como yantar de las bestias. Más tarde fueron las esquilas de mi rebaño. ¡Ay! las esquilas de mi rebaño, cómo rimaban con tu risa y con mi canto... Más tarde; mucho más tarde; ¡ahora!, es el palpitar de tu regazo el que me llama; por eso acudo a ti envuelto en amor y sueños. Acudo a ti, río largo, en pos de beber tu risa y ofrecerte una canción.

Ocentejo, 1999.
Pío Mª Yagüe.

4 comentarios:

  1. Pío, me gusta tu poética descripción del camino del Alto Tajo. Aquí se ve tu alma de poeta becqueriano con... zarzamoras y madreselvas. Y todo, en el Ocentejo manchego de hace ya trece años.
    Felicidades.

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  2. Amigo Marcelino:
    Tú sabes muy bien el placer que conlleva poder expresarse de aquello que sientes, de aquello que llevas ahí a dentro, y si encima complace a los demás, ¿a qué más se puede aspirar?
    Gracias por tu mensaje y hasta pronto. Pío Mª Yagüe.

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  3. Al hilo de esta bella y poética evocación de estas tierras tan hermosas, que he disfrutado en más de una ocasión, pues viví en Molina de Aragón durante un año, os invito a que os acerquéis, tanto a la novela de José Luis Sampedro "El río que nos lleva" (1961), como a su versión cinematográfica que realizó Antonio del Real en 1989.

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  4. Este relato tan enérgico a la vez de tierno y cautivador, invita a dejarte llevar por los sentidos al son que marca la naturaleza en su estado puro.
    Me ha gustado Pio.

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