viernes, 12 de abril de 2013

Jueves Santo en Valladolid


Carlota y Eduardo habían  salido en el Ave de la estación de Chamartín de Madrid  a mediodía y una hora después estaban ya en la de Campo Grande de Valladolid, dispuestos a pasar tres días en la capital castellana alojados en el apartamento que su amiga Ana les había ofrecido durante los días que restaban de la Semana Santa.
Las anunciadas lluvias deslucían el paso de imágenes  y nazarenos por las calles de la ciudad,  incluso  algunas procesiones habían sido suspendidas. Desde el salón de la casa de Ana se podía ver el Pisuerga crecido arrastrando maderos viejos y maleza.  Algunos atrevidos piragüistas pintaban de colores la superficie turbia. El sol de despedía desde el horizonte dejando otras nubes para las lluvias del viernes.
Sin deshacer maletas, Carlota y Eduardo se deciden a salir por las calles céntricas de la ciudad que encuentran abarrotadas de una muchedumbre deseosa de ver, como ellos,  los desfiles procesionales de la tarde-noche del Jueves Santo. La plaza de Zorrilla, la comercial calle  de Santiago y la Plaza Mayor apenas permiten moverse a tanta gente. Caída ya la noche una fina lluvia consigue abrir multitud de paraguas. Y un coche patrulla de la Policía Municipal pasa anunciando la suspensión de todas las procesiones que figuraban en el programa para aquella hora. Carlota y Eduardo aprovechan para recogerse en una de las numerosas  cafeterías de la zona, y, por recomendación de su amiga, en “Los Zagales” piden el “tigretrostón”, una tapa que había ganado un importante concurso internacional de tapas en el pasado año. 
Una vez satisfecho su apetito nuestros amigos salen de nuevo a la plaza y se informan de que  las iglesias  permanecen  abiertas y que en ellas se exponen los pasos que no han podido salir. Son importantes tallas de Juan de Juni, Gregorio Fernández,  Berruguete o Salcillo, traídas del Museo Nacional de Escultura para las procesiones. Había parado de llover y paseando por la Plaza Mayor se dirigen hacia la iglesia de las Angustias  pasando por  la pequeña plaza de la Fuente Dorada, que había sido sede de la acampada del 15M en mayo de 2011, al igual que la que tuvo lugar en la Puerta del Sol de Madrid en la que ellos dos habían participado. Es entonces cuando observan que un grupo de gente se encuentra mirando hacia el brazo horizontal de una enorme grúa situada en la misma plaza  y en cuyos laterales se estaba rehabilitando un edificio. 
En la grúa parecía moverse un hombre con el riesgo que suponía hacerlo desde aquella altura. De pronto el hombre de la grúa despliega una pancarta con la palabra DESAHUCIADO. Alertada la Policía Municipal, intenta  despejar la zona, mientras otra  pancarta se despliega desde la grúa con  las palabras  ESTOY PARADO. La pancarta, igual que la anterior, podía leerse iluminada por una farola cercana.  Carlota y Eduardo que pertenecen a la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH),  han colaborado en evitar algunos casos en Madrid y se interesan por el asunto. Una mujer que lleva de la mano a dos niños pequeños, llega corriendo a la plaza y entre sollozos le dice a la policía: -Es mi marido. Se despidió  de mí y de los niños y se fue de casa sin decirnos  a dónde iba.-  La policía piensa que aquel hombre puede cometer alguna locura y dan aviso a una patrulla de bomberos. Carlota y Eduardo, que han oído la conversación, por medio de sus móviles  envían mensajes múltiples a la delegación de la Plataforma en Valladolid, que a su vez consiguen movilizar  a multitud de jóvenes que se presentan en la Plaza de la Fuente Dorada. Uno de ellos trae  una lista de los desahucios que el juez tiene programados para la semana siguiente acompañada de una nota en la  que se dice que por orden judicial quedan suspendidos sine díe todos los desahucios en la ciudad. La Policía, que lee los documentos, se los entrega al jefe de Bomberos con la intención de que se los haga  llegar al hombre de la grúa. Pertrechado de arneses se encarama el bombero por el mástil hasta que se acerca a una distancia en la que el hombre le podía oír,  con el fin de convencerle para que desista de sus intenciones porque en aquellos papeles puede tener la solución de su problema. No fue fácil, pero al final se dieron la mano  y el bombero le ayudó a protegerse con el arnés para descender sin peligro de aquella  grúa. Abajo le esperaban su mujer y sus hijos que emocionados le abrazaron y un numeroso grupo de jóvenes que, satisfechos, aplaudían por el resultado de su acción.
El viernes siguieron las lluvias. El Pisuerga se desbordó en algunos barrios. Las procesiones también se suspendieron. Carlota y Eduardo aprovecharon para visitar algunas iglesias y, con lo que más disfrutaron, el Museo Nacional de Escultura. El sábado regresaron a Madrid contentos de haber conocido la ciudad de Valladolid y sobre todo de haber colaborado en una importante labor humanitaria.

1 comentario:

  1. Lo que en un principio parecía la historia de una pareja llegada a Valladolid y de Semana Santa con sus procesiones, acaba mezclándose con un tema muy de actualidad como son los desahucios, pero con final feliz. Una historia bien documentada, a mi me ha gustado.

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