El Pisuerga baja tranquilo, con perezosa lentitud. Algunas
hojas desprendidas de su ribera indican la dirección de la corriente. Bandadas
de patos navegan río arriba en busca de alimento. Piragüistas con acompasado
remar pasan en ambas direcciones e imprimen largas estelas sobre la superficie
plana. El puente de Isabel la Católica se refleja rampante formando un óvalo
con su arco. Al fondo su compañero el Freguenal de tres arcos parece aún más
profundo en su reflejo. Hasta diez puentes he contado que unen la ciudad
histórica, la que un tiempo fuera corte, con la ciudad moderna que ha crecido
en la otra orilla de este Pisuerga en su
oportuno paso por Valladolid.
Marcelino, bonita y relajante fotografía la que aquí describes,para quien como yo no conozca ese paisaje es una invitación muy sugerente, yo soy una entusiasta de los ríos ¡me gusta!.
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