sábado, 1 de marzo de 2014

Una Práctica. Autorretrato frente al espejo

Éste que me mira, de rostro marcado por el tiempo, escasa melena que hace años fue trigueña y hoy grisea, la nariz ajustada para soportar los lentes de miope que le acompañan desde la juventud, la barba de un schnauzer gris y pacífico, la frente más que despejada, ni alto ni bajo, el andar mesurado, decoroso en el vestir y alejado de los dictámenes de la moda, ése, digo, soy yo. En mi documento de identidad figuro como Fidelio Andrés Montalbán Fourquet, nacido en un lugar del Alto Aragón en una fecha del pasado siglo. Mi vida, como la de muchos de mi generación, ha sido un devenir de aconteceres diversos, algunos penosos e irreversibles y otros no tanto, nomadeos que no buscaban a propósito el riesgo, nada de exotismos lejanos, ni mucho menos superar retos o alcanzar plusmarcas: no cuánto se ve y se recorre sino cómo se ve y se recorre el camino. El placer está en el camino y la nostalgia en la llegada. Y yo he rebasado, más o menos, la mitad del camino.
Algunas ciudades, de aquí, de allá y de más lejos, me han marcado de manera indeleble y siempre las llevaré en mi corazón y en mi memoria: me ayudaron de una forma que sólo hoy puedo apreciar en su justo valor.
Las mujeres, amables y generosas sin excepción, me han dado, sin demasiados merecimientos por mi parte, hospitalidad, amor, amistad, ternura, placer y algunos malos ratos que recordar no quiero. Y he procurado mostrarme agradecido con ellas.
 He vivido siempre de mis constantes trabajos sin obnubilarme con la ganancia. Nunca me ha movido la avidez por el dinero: en momentos de bonanza lo he gastado con liberalidad sin dejarme llevar por un alocado despilfarro caprichoso y cuando no, mi condición espartana ha asumido la austeridad sin dramatismos. Nunca lo he pedido a persona alguna ni he contraído más deudas que las inevitables con eso que unos llaman el imperio del mal y otros la impúdica puta Banca.
De un tiempo a esta parte concilio mis actividades profesionales, que podríamos denominar sin demasiada precisión, alimenticias, con la escritura y la lectura y, sobre todo, con la re-lectura, que es lo que me proporciona más placer. Los viajes, reales o con el dedo sobre el mapa, y unos pocos amigos de todos los sexos y edades me compensan y me previenen contra el aburrimiento. 
Y ahora una declaración de principios: en el momento presente no milito en ningún partido político, ni estoy asociado a equipo de fútbol o a sindicato alguno, ni me cobijo bajo ninguna bandera y recelo de la mayoría de los profesionales de la política que gobiernan en sus propios beneficios. No me gusta mandar y quisiera mantener la libertad  para poder decir sí o no. Por esto creo saber, aproximadamente, dónde estoy, habiendo dejado atrás cualquier clase de dogmatismo.
Si llego a mantener la cabeza lúcida y en su sitio, el cumplir años no será una tragedia. He vivido lo suficiente como para darme cuenta de que apenas entiendo de qué va esto que se llama la vida y si tiene algún sentido.  
No estoy seguro de casi nada pero he comprobado que, con el paso del tiempo, cada cual tiene la cara que se merece por mucho que intente disimularla con una careta, incluidas aquellas personas que se someten a los estragos de la cirugía, o sea, faena de chapa, pintura y tuneado.

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