viernes, 5 de septiembre de 2014

Cuadernillo de Notas, 35

Con cierta periodicidad siento la llamada del Camino. Soy un deambulador  peculiar que no puede caminar a pie, ni a caballo, ni en bicicleta u otro artilugio: siempre en coche y acompañado de mi Hada del Otoño, sin la que no me imagino la vida. No ejerzo de peregrino ni de turista ni de romero: tan sólo me considero un curioso espoleado por la llamada de cualquier camino, el paisaje y los naturales del país.
En el “camino francés” se halla León y en León la hermosa plaza de  San Marcos con el muy interesante convento y un excelente Parador.                                                    
La mañanita ha salido de las luminosas de julio en la que sopla un airecillo frescachón
 esta prima hora. 
 Aquí me he topado con un peregrino de los de antes, de los que van por libre y en solitario, ligero de equipaje y ataviado a la usanza de otros tiempos; es posible que se haya detenido a lavarse en el cercano Bernesga hoy en estiaje, y ahora descansa, sentado en las gradas sobre las que se levanta un crucero, hito hacia la tumba del Apóstol. Inmóvil, descalzo, las desportilladas sandalias a un lado, lleva los pies envueltos en trapos. Mira al cielo sin pestañear, la barba fosca, quizás dormita con la cabeza echada hacia atrás, tocado con un sombrerillo redondo de ala corta, una mano sobre la otra, con placidez. Una saya como hábito y, sobre los hombros, un capotillo con esclavina. Le he preguntado algo; no contesta ni se inmuta: tal vez sea extranjero. Todo en él transmite una imperturbable y silenciosa concentración. Los soles, la lluvia, el aire y las escarchas le han dado a su figura un tono bronceado auténtico.
Momento pleno: El Hada nos observa,  atenta, arrebujada en su chal de tul ilusión.
 
 
 
 

1 comentario:

  1. Hasta hoy no había leído tu cuadernillo sobre el Camino de Santiago.
    Este verano he visto muchos peregrinos. Alguno parecido al que describes junto al Bernesga, el río que cruza la ciudad de León (mi tierra) y que baña los cimientos laterales del Parador de San Marcos, en otro tiempo convento y cárcel en la que estuvo preso el ilustre poeta D. Francisco de Quevedo.
    Que sigas disfrutando de esos paisajes que tanto valoras y describes desde tu coche adaptado y en la grata compañía de tu Hada del Otoño para la que le envío un cariñoso saludo.
    Seguiré leyendo tus atinados comentarios del Cuadernillo.

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