Cuadernillo de Notas, 20
Bien predica quien bien vive, dice Cervantes. O lo que es lo mismo: predicar con el ejemplo del que vive una vida honrada, austera y encaminada al bien común es la mejor forma de convencer a los demás de nuestras intenciones. Propongo hacer una reflexión sobre la conducta de políticos, intelectuales, jerarcas de las iglesias, banqueros, periodistas influyentes e impostores en general. Los falsarios se exponen sin rubor en la picota de la falsía al mostrar la incoherencia entre lo que pregonan y las acciones que llevan a cabo. Predican mal porque viven muy mal: mienten con desvergüenza, carecen de honradez, practican la rapiña y el despilfarro y desprecian e ignoran a sabiendas el bien común. Materia literaria de protesta y denuncia de hoy y del tiempo pasado, desde los clásicos a los modernos, desde la poesía a la novela pasando por el teatro, desde Fray Luis de León y Blas de Otero a Quevedo y Eduardo Mendoza, desde Aristófanes a F. Fernán Gómez; de Raymond Chandler a M. Vázquez Montalbán.
Y yo me pregunto, ¿cómo es posible que ni Fray Luis de León, ni Aristófanes, ni Blas de Otero, ni F. Fernán Gómez, ni... hayan sido capaces de desbancar con su palabra a todos estos falsarios? ¿Sirve de algo la llamada literatura comprometida?
ResponderEliminarQue alguien me lo explique.
Comentario a tu comentario
ResponderEliminarLas preguntas que te planteas, estimado Marcelino, son difíciles de contestar: cada uno podrá tener una respuesta personal respetable aunque no sea compartida.
Ningún escritor con sus libros ha podido borrar de la escena a los falsarios; todo lo más, su obra ha quedado como testimonio de la conducta calamitosa de estos personajes y que, en el mejor de los casos, haya podido mover a la acción a lectores concienciados, que, por otro lado, nunca han sido una inmensa mayoría. Ayudar a desbancar a los falsarios, quizás. En el momento en que vivimos, los medios de comunicación de masas y en especial la televisión, en muchos casos, sirven a los intereses de esta fauna que dice representarnos, tratando de mantener al receptor en una actitud acrítica. En épocas pasadas, era una idea patente en aquel gran hombre que, para dirigir los destinos de nuestro país, tan sólo precisaba controlar la televisión y contar con la división acorazada de su parte.
Por otro lado, yo creo que toda literatura conlleva, de una manera u otra, una obligación no explícita. La llamada “literatura comprometida”, o del realismo crítico, o social o socialista, o de combate, o bajo cualquier otra etiqueta, o sin ella, ha existido siempre porque no hay obra literaria que no refleje, de una manera u otra, la sociedad en la que surge, ya sea para confirmar y apuntalar los intereses dominantes, ya sea para exponerlos con una mirada crítica de choque o reflejarlos, si eso fuera posible, de manera neutra y que el lector se viera obligado a sacar sus propias conclusiones. Este tipo de literatura de confrontación ha tenido y tiene sus defensores y sus detractores.
La literatura, en todo caso, ha sobrevivido al protagonismo y a presencia de estos sujetos. Yo espero y deseo que la obra de Saramago perdure más allá que las estratagemas de algunos de los especímenes que hoy acaparan con un egocentrismo populista y mendaz los telediarios y las portadas de los periódicos. “Ars longa, vita brevis”, que dijo, en griego, el viejo Hipócrates en el siglo III a. de C.
Ya ves, amigo Marcelino que mi explicación aclara muy poco tus acertadas interrogaciones.
El comentario anterior me lo envía José Mora por correo gmail porque no ha podido incluirlo en el blog debido a problemas con el navegador Explorer. Ya le he comunicado que para seguir escribiendo comentarios en el blog es necesario descargarse gratuitamente el nuevo navegador "Mocilla firefox". Desde aquí agradezco las explicaciones tan oportunas de José Mora a las preguntas de mi primer comentrario.
ResponderEliminarEste mes que estamos terminando creo que es ideal para reflexionar sobre cualquier asunto controvertido, pero siquiera pensar en ese tema, bueno más bien trama que nos propone Jose, me produce sudores fríos. Pienso, que la cosa se ha salido de madre hablando en plata (perdón por las formas, pero no se me ocurre otra manera de decirlo) y que cualquier similitud con una novela habida o por haber de alguno de los autores mentados no sería pura coincidencia, sino realidad pura y dura.
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