Calle
Bailén. Aire cálido de mediodía. Primavera casi veraniega. En el Viaducto de Segovia
un hombre joven ha saltado la mampara de seguridad con la intención de arrojarse
al vacío. El lugar ha sido el elegido reiteradamente, desde el siglo XIX, por muchas personas
para quitarse la vida y por ello es conocido popularmente como el puente de los suicidas. Un cura recién
ordenado, un repartidor de publicidad y un seminarista tratan de disuadirlo. El sacerdote ha llegado
incluso a darle la extremaunción (sic) (¿no querrá decir el audaz redactor de
la nota periodística que le administró la absolución?) El repartidor y el seminarista
han pasado al otro lado de la mampara y consiguen retener al posible suicida hasta
la llegada de la policía… Un espectador ha filmado con su cámara toda la
escena.
Cinco
personas: cada uno con su propia historia a cuestas.
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