sábado, 7 de abril de 2012

De mañana no pasa

Durante semanas había acudido puntual al cafetín para tomar el café con leche, siempre en la misma mesa, y disfrutar de su mirada limpia y de su tierna figura de adolescente bajo el pulcro atuendo, blanco sobre negro, de camarera, mientras fingía repasar las notas de sus clases o leer el diario. Se prendó de ella desde el primer día. Nunca se atrevió a insinuarle su embelesamiento por temor a ahuyentarla. Hoy ha esperado, inquieto, a que terminara su turno de trabajo. La ha seguido hasta la parada del autobús y, detrás de ella, ha pensado que bastaría con tocarla en el hombro para acabar con esta incertidumbre.

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