lunes, 23 de abril de 2012

Pasión de papel: cuentos sobre el mundo del libro

Para conmemorar el Día del Libro, recomiendo la lectura de "Pasión de papel", título publicado por Páginas de Espuma como homenaje al libro y a todos aquellos que lo hacen posible: el escritor que lo crea, el editor que se arriesga a publicarlos, el librero que los distribuye y el lector que está en el principio y en el final de ese proceso. La selección reúne 20 relatos agrupados en torno a esas cuatro facetas del mundo de los libros. A continuación recojo el mejor comentario crítico que he encontrado en Internet sobre el mismo, publicado en el Blog "La tormenta en un vaso":

"Las cuatro partes del volumen –los inventan, los fabrican, los difunden y los leen- están encabezadas por reflexiones de un escritor (Volpi), de un editor (Muchnik), de una librera (Lola Larumbe) y de un crítico (García Jambrina.) Es especialmente hermoso y revelador el recorrido que lleva a cabo Mario Muchnik: la figura del “editor ciclista” de unos tiempos no tan lejanos se ha metamofoseado (¿monstruosamente?) en la del contable: “para pasar las horas leyendo, un buen contable sale más barato que un editor (...) ¿Pruebas? Están en todas las librerías.” Hay verdades como puños que no requieren glosa. También Lola Larumbe pone el dedo en una llaga de perogrullo que a menudo olvidamos: no es nada fácil vender un libro.

Muchos de los cuentos asumen un tono de distancia irónica respecto al oficio que viene a atenuar, tal vez, aquello de la falta de pudor: así sucede con la obsesión por las repeticiones, coincidencias y rastreos del intertextual y borgiano cuento de Vila-Matas, con el de Leonardo Valencia, con el de Pere Calders, con el de Neus Aguado – económico y muy divertido-, con el de Volpi, con el de Carme Riera, con la patética tragedia del de Iván Oñate o con los resortes y encrucijadas, la combinatoria, la aleatoriedad o la imprevisibilidad lúdica que Zarraluqui descubre en el proceso de creación de un relato. Monterroso es siempre Monterroso. Monterroso, con sus fábulas, siempre da en el clavo. También Mario Benedetti quien en “Autobiografía” reflexiona cómicamente sobre la importancia de la mítica primera frase en los textos literarios: escribe varias y todas ellas son susceptibles de hurto por alguien que ande en busca de una primera frase capaz de seducir al lector y llevarle a firmar un pacto, un compromiso de fidelidad con quien escribe, que le lleve a leer una página detrás otra.

Me gustaría aludir a tres relatos que me han gustado de forma especial: uno de escritores, uno de traductores y uno de libreros. El primero es “Falta de vocación” de Antonio di Benedetto; las pequeñas piezas literarias de Don Pascual, un escritor principiante en la cincuentena, son un regalo, y la moraleja del cuento -hago notar a los detractores de las moralejas y de la literatura de tesis en general que a lo largo de la Historia de la Literatura los cuentos las han tenido casi siempre- iluminadora y real como la vida misma: el esfuerzo de escribir no es poca cosa y a veces ni siquiera compensa; no es un goce, puede amargar una vida que de pronto se llena de imaginaciones sin que las imaginaciones se nutran de la vida. El segundo cuento es “Nota al pie” del escritor asesinado en la época de la dictadura en Argentina, Rodolfo Walsh; el recurso de la nota a pie de página y el juego de las tipografías nos permiten contrastar dos discursos antagónicos: el del poder o semipoder –semiatento, irresponsable, olvidadizo, compasivo...- y el del asalariado. El asalariado es un traductor que antes era “gomero”: pese a su creencia de cambio de estatus –de la empresa de las ruedas de goma a la empresa cultural-, el asalariado siempre es asalariado y tiene motivos para la frustración y para todas las formas del resentimiento. Por último, en “Calle Maipú” de Angelina Lamelas asistimos, en un tono de casticismo bonaerense, a un homenaje cariñoso a los que no leen: Hernán, el esposo de la librera-narradora que cierra por ella su boyante carnicería para invertir en el ruinoso e incomprensible negocio de los libros. No hay que ser sectarios: no leer no es un estigma. Existe gente cariñosa y buena, incluso gente inteligente, que no lee. Quizás estamos muy enfermos y todo esto debería darnos qué pensar. Al fondo del cuento de Lamelas late la vida: la violencia, la carestía, la solidaridad, el amor... al fondo del relato de una librera hay muchas otras cosas además de libros".

Creo que puede ser un libro muy recomedable para aquellos que aun creemos que la lectura puede proporcionar una vida más rica, más libre y más intensa.

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