Tic-tac-tic-tac. Ese sonido penetra en mi cerebro.
Su acompasado tictac me altera los nervios.
Tic-tac miro su péndulo que no va a ningún sitio.
Tic izquierda, tac derecha, tictac, impasible ante el paso del tiempo.
Controlando las horas de mi vida.
Tic-tac, lo escucho inquieto y pasa lento los minutos, las horas...
Ahí colgado en la pared del salón, tic-tac-tic-tac.
Y cada hora que pasa...
las campanadas, clom-clom, cuento hasta doce.
Por más que cierro los oídos no me dejan dormir.
No se detiene jamás, tic-tac-tic-tac.
Es muy bonito, de madera de roble, decorado con caballos galopantes.
Sus relucientes manillas se mueven con leve movimiento y precisión.
Era de mi abuelo, ahora es de mi padre.
Cuando lo herede yo, pararé ese péndulo.
Y detendré las horas y el tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.