He terminado
la lectura de la última novela de Julio
Llamazares. Es la historia que le
faltaba por escribir al autor nacido en el pueblo leonés de Vegamián, una aldea
sumergida bajo las aguas de un pantano.
Como “La
lluvia amarilla”, “Luna de lobos”, “El río del olvido” o “Escenas de cine mudo”,
Julio Llamazares continúa ambientando
sus novelas en lo rural, medio en el que
vivió su infancia y adolescencia como
hijo de un maestro de escuela en las montañas de León.
Es la
historia de una familia que tuvo que emigrar por la fuerza y con mucho
desarraigo de Ferreras, uno de los pueblos que como Vegamián y otros más, iba a
quedar sepultado por las aguas de un pantano. El Estado había dispuesto un
territorio público en la provincia de Palencia resultante de la desecación de
una laguna para albergar el nuevo asentamiento de los habitantes de los pueblos
afectados. De ahí que a los nuevos poblados le llamarían “la laguna”.
Toda la
novela transcurre en el día después del funeral por el fallecimiento del abuelo
en una residencia de Palencia. La familia se organiza para llevar las cenizas
de Domingo al pantano que cubría el pueblo en el que había nacido, tal como él
mismo había pedido antes de morir.
La
originalidad del relato estriba en que el autor hace desfilar por sus páginas a
todos y cada uno de los miembros de la familia, los cuatro hijos y sus nietos,
que en un acertadísimo monólogo interior reflexionan en silencio sobre su
relación con el abuelo fallecido y con los demás, sobre todo cómo la existencia
de todos ellos quedó marcada por aquel destierro forzado de hace medio siglo.
Aunque la
novela parezca rezumar un ambiente de tristeza, no por ello deja de producir placer en su
lectura. Las imágenes que el autor prodiga
al describir paisajes y situaciones se mezclan con los sentimientos que,
a pesar de la distancia, con sus altibajos habituales, mantienen unida a esta familia que se reúne
para despedir al abuelo fallecido.
Leer tu acertada reseña de "Distintas formas..." me ha estimulado para retomar el mundo novelesco y existencial de Llamazares, del que me reconozco como lector fiel. Sus obras me han interesado tanto por su calidad literaria como por los temas que trata, tan humanísimos y auténticos.
ResponderEliminarGracias, amigo Marcelino.
Estoy de acuerdo con Jose, en su acertada y sugerente reseña, a mi me ha estimulado a leer esa novela y alguna más, porque confieso que solo he leído "La lluvia amarilla" y fue por recomendación tuya Marce y me gusto mucho. Gracias compañero.
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