Aquellas manos,
que ahora trabajando la tierra, de ellas,
anhelaba caricias.
Aquellas bondadosas manos, ásperas y fuertes,
delicadas, que colmaban y calmaban su interior.
Aquellas manos,
usadas y endurecidas manos y que nunca vagas sabían a donde iban y ella...
siempre esperándolas...
y perdida...
Aquellas profesionales manos hartas de tocar y modelar vida,
vida, al fin y al cabo.
Aquellas manos...
A esas creativas manos, jamás dejaría de quererlas.
que ahora trabajando la tierra, de ellas,
anhelaba caricias.
Aquellas bondadosas manos, ásperas y fuertes,
delicadas, que colmaban y calmaban su interior.
Aquellas manos,
usadas y endurecidas manos y que nunca vagas sabían a donde iban y ella...
siempre esperándolas...
y perdida...
Aquellas profesionales manos hartas de tocar y modelar vida,
vida, al fin y al cabo.
Aquellas manos...
A esas creativas manos, jamás dejaría de quererlas.
Paloma, muy bonito tu poema sobre "aquellas manos". Me sorprendió gratamente y me gustó leerlo por su contenido de ternura y sentimiento.
ResponderEliminarEs cierto que las manos de las personas nos pueden dar muchas pistas sobre sus vidas y tú lo has reflejado muy bien. Enhorabuena Paloma por haberte lanzado a publicar.
ResponderEliminarSi hacemos una traslación de las palabras que el evangelista (Mat.7,16) atribuye a JC, "por sus frutos los conoceréis", en tu poema, sirviéndote de la misma sinécdoque, pero de contenido e intención muy direntes, consigues mostrar la síntesis esencial de la persona amada en su totalidad, refiriéndote a una sola parte (manos laboriosas, acariciadoras, creadoras de vida, a la par que fuertes y tiernas). No hay duda de que hay manos (y miradas) que nos enamoran. Haced memoria, mis apreciados contertulios, haced memoria.
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