Después de la magna tarea de La comedia Humana, Balzac se divirtió escribiendo esta colección de relatos libertinos e hilarantes. Descatalogados desde hace más de 100 años, Cabaret Voltaire los recupera en una nueva traducción y con las 425 ilustraciones que Gustave Doré realizó para la edición francesa de 1855. Los Cuentos droláticos constituyen un proyecto insólito de escritura lúdica e imitación, cuya exuberancia y fantasía en el uso de un lenguaje inventado significó un escándalo para el mundo literario de la época. Balzac utiliza un metalenguaje compuesto de neologismos, palabras fusionadas, y términos latinos, dialectales y burlescos, sin olvidar los juegos de palabras. Todo, siguiendo una grafía y construcciones arcaizantes. Pese a ser una de las obras menos difundidas de Balzac, resulta una de las más balzacianas. Cabe señalar el carácter circular de estos cuentos, es decir, las referencias cruzadas que se encuentran en ellos y que —en cierto modo— los presentan como un todo entrelazado y bien construido, una especie de Comedia humana a menor escala.
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