Era su 78 cumpleaños, uno más presidiendo la mesa en torno a los numerosos hijos y nietos. Cada vez ocupaba menos espacio, y aunque su piel aún se mantenía tersa y suave, sus músculos perdían densidad, sus huesos centímetros. El insomnio la convertía en espectadora privilegiada del amanecer y cada mañana para levantarse luchaba con tesón contra toda osteoporosis, artrosis, y demás osis, pues no quería privarse ni un solo día, ni un solo minuto de esa adquirida tardía libertad. Atrás quedaban dictaduras sociales, tiranías de madres, servidumbres de hijos.
Un acertado homenaje a esta mujer que, superando las limitaciones impuestas por la edad, mantiene la energía suficiente como para disfrutar de una sensación nueva tras una vida llena de compromisos y obstáculos. Me parece muy oportuno reivindicar la liberación de ataduras a través de un cuento tan breve y con un desenlace optimista.
ResponderEliminarTardía,como bien dice el titulo, pero merecida libertad,aunque sea a con 78 años,porque,nunca es tarde si... al menos la protagonista del relato lo logra, a su manera.
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