martes, 8 de marzo de 2011

Tardía libertad

Era su 78 cumpleaños, uno más presidiendo la mesa en torno a los numerosos hijos y nietos. Cada vez ocupaba menos espacio, y aunque su piel aún se mantenía tersa y suave, sus músculos perdían densidad, sus huesos centímetros. El insomnio la convertía en espectadora privilegiada del amanecer y cada mañana para levantarse luchaba con tesón contra toda osteoporosis, artrosis, y demás osis, pues no quería privarse ni un solo día, ni un solo minuto de esa adquirida tardía libertad. Atrás quedaban dictaduras sociales, tiranías de madres, servidumbres de hijos.

2 comentarios:

  1. Un acertado homenaje a esta mujer que, superando las limitaciones impuestas por la edad, mantiene la energía suficiente como para disfrutar de una sensación nueva tras una vida llena de compromisos y obstáculos. Me parece muy oportuno reivindicar la liberación de ataduras a través de un cuento tan breve y con un desenlace optimista.

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  2. Tardía,como bien dice el titulo, pero merecida libertad,aunque sea a con 78 años,porque,nunca es tarde si... al menos la protagonista del relato lo logra, a su manera.

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