A todos nos afectan los fenómenos atmosféricos que se suceden en las estaciones del ciclo anual. Estos vaivenes son el reflejo de otros cambios existenciales que procuramos aceptar con el mejor talante, pasan al discurrir cotidiano y van conformando nuestras biografías. Cada uno empieza siendo hijo y algunos llegan a verse como abuelos y bisabuelos. El estatismo, meteorológico o vital, no es posible en este mundo, ya sea en el plano físico o anímico. El otoño, como cualquiera estación del año, es época de mudanzas. Hagamos caso del refrán “Cambia el viento, cambia el tiempo” y disfrutemos de la ocasión. (Nota aclaratoria que no pienso repetir: utilizo el genérico masculino -hijo, abuelo, bisabuelo- que, como genérico, engloba el masculino y el femenino, como ha sido norma en la lengua española)
Dejando aun lado los otros cambios, a mi los de temperatura me afectan mucho, pero cada vez con menos fuerza,(sera por el paso de los años). Creo que los cambios,tanto existenciales como de tiempo, aparte de ser inevitables son buenos, así nos mantenemos ilusionados y pendiente de lo venidero; la llegada de la primavera o de la nieve, de un nacimiento o un nuevo amor... yo con el permiso de Jose continuaría , y disfrutemos de la ocasión, porque de momento estamos aquí.
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