lunes, 22 de noviembre de 2010

LA ESPERA

Saludó con un "buenos días" al entrar. Se acomodó en un sillón y se dispuso pacientemmente a esperar su turno.
Era un inmenso salón cubierto de una mañana brillante. Había una frescura a cielo, a luz, como un amanecer con colores entremezclados de un arco iris en un esplendor desconocido. Estaba en su mullido asiento esperando la llamada.
El corazón le palpitaba fuera de su hueco. No se sentía persona. Veía imágenes y vidas que danzaban en un espacio de extrañas proporciones. Por sus pensamientos se deslizaban historias y leyendas que subían y bajaban como marionetas. Sus sentidos abiertos acariciaban una realidad desconocida.
De pronto, una figura deslumbrante que desbordaba el espacio se le acercó. Su voz, que llenaba de melodía el infinito, le dijo:
-Detrás de tus verdades siempre estuvo escondida la tragedia.
-Cruzó delante de ti la esperanza y la dejaste pasar.
-Poseías la fuente de la vida y la desperdiciaste.
-Te has fugado del tiempo y has matado la verdad.
Entonces sintió que el sillón se volcaba y que él caía por un precipicio interminable, en una absoluta oscuridad. Su cuerpo se hundió en las hediondas aguas de una laguna. Al salir a la superficiie se halló ante Cerbero con sus tres cabezas.

Fernando García

2 comentarios:

  1. Exquisita, delicada, ilustrada y poética narración de ese último examen ante el final del camino, que invita a ser leída varias veces para no perder ningún matiz. Me ha gustado mucho.

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  2. No es posible obviar,amigo Fernando,tu esencial condición de poeta aunque la exteriorices en prosa. El texto sugiere y trasciende la fundamental preocupación del ser humano como finito y con historia para cerrar con esa metáfora mitológica y pagana. De calidad indudable.

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