miércoles, 24 de noviembre de 2010

TRISTE MARCHA

La lucha contra puñales envenenados,
y su embite a los vaivenes del destino,
fue inútil.
Su cuerpo mancillado por las horas
se resistía
en tierra seca de confusiones y frío,
en fragmentos de ternura
protectados hacia el infinito.
El día fatal asesinó el aire
en la soledad completa de un cuerpo
roturado de amarguras.
Me quedé con un noviembre con mil quebrantos
en los alrededores fúnebres de mis lágrimas,
malheridos por su ausencia,
entre palabras de lutos y sollozos.
Se agotó la clepsidra de su vida
por la pendiente sin fondo
del valle maltratado del destino.
¡Ay! esa nube varada,
esos luceros callados,
¿A dónde huyó su sonrisa?
Quizás herida, por suspiros de eternidad,
se hundió en el edén
de sueños inacabados.
Fernando García

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