domingo, 5 de diciembre de 2010

Cuadernillo de Notas, 4

El Jardín Botánico a las tres de la tarde. Primavera cálida. El fauno de pantalón vaquero y camiseta informal duerme su siesta sobre uno de los bancos de cemento gris añoso repartidos por glorietas y paseos. Boca arriba, flexionadas las rodillas, juntos los pies desnudos y soleados, los ojos protegidos por el antebrazo. La mochila y la cazadora arrebujada como cabezal. Sobre la tierra, una botella de agua al alcance de la mano, las Nike con cuidado al pie del catre. Parece joven pero no demasiado. No se le ve bien el rostro pero su placidez es manifiesta. Tal vez se trate de un peregrino extraviado o un asiduo de por aquí. ¿Por qué está solo? ¿lo habrá dejado su novia? ¿qué llevará en su mochila de cuero? ¿será tierno y amistoso o un cenutrio insoportable? ¿un activo profesional o un parado en difícil travesía?... El preludio lo ponen las voces de los pájaros y el gorgoteo de la fuente.

1 comentario:

  1. Después de leer esta magnífica descripción del fauno del Botánico, que a José Mora le sugiere tan interesantes preguntas, se me ocurre añadir que las respuestas tal vez estén en el canto de los pájaros o en el agua de la fuente.

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