Sugerencias: dónde, cuándo, cómo... escribir
El lugar. Cualquier lugar puede ser utilizado: el banco de un parque, la biblioteca, un café tranquilo, bajo un árbol de la Casa de Campo, la cama, el cuarto de baño... Una vez que has empezado, no importa tanto el lugar (algunas obras memorables se escribieron en la celda de una cárcel, o en un campo de concentración o en la habitación de un hospital).
El lugar ideal es un espacio reservado en donde dispongas de todo lo preciso: una mesa ordenada, con libros de consulta al alcance de la mano (diccionarios, gramáticas, y otros); nadie ni nada alrededor que te distraiga (la televisión, las conversaciones); tienes que buscar un rincón propio, privado, que sea respetado, para dedicarlo a tu actividad de escritura e intentar defender ese pequeño territorio en donde guardas tus útiles y el resultado de tus esfuerzos (carpetas, cuadernos, cajas, CD, etc.).
El tiempo. Es aconsejable que escribas todos los días recurriendo a cualquiera de las formas más variadas (diario, cartas, anotaciones de lecturas, anécdotas vividas, ocurrencias, cualquier cosa que pase por tu cabeza...). Y reservar un periodo para hacerlo, aunque sea de unos pocos minutos. Debes considerar el hecho de escribir como un juego placentero y no como una tarea forzada y tediosa.
El cómo. No importa que lo hagas con lápiz, bolígrafo, pluma o en el ordenador. Utiliza cualquier material como soporte: hojas en blanco o cuadriculadas, papeles sueltos, hojas usadas por la otra cara, cuadernos colegiales, servilletas de papel del bar, etc. Un esfuerzo de concentración es indispensable aún cuando te veas obligado a estar rodeado de gente, de ruidos, etc., es difícil pero con cierta práctica se puede alcanzar un cierto aislamiento durante un rato más o menos largo.
Algunas personas tienen pequeñas manías o rituales cuando se ponen a escribir: hora y minuto precisos, vestirse con una prenda fetiche (un jersey, un sombrero, etc.), usar algún objeto al que le dan valor de amuleto (un sillón, una pluma, el lápiz tradicional de madera...), gestos o acciones propiciatorias (asomarse a la ventana un número contado de veces, canturrear una canción...), la noche, el amanecer, etc.
Conviene guardar lo escrito (notas, reflexiones, ideas, etc.) y releerlo pasadas unas semanas (o meses, o años) y comprobar qué te sugiere en ese momento y si algo puede servirte como inspiración.
No hay lugares ni tiempos ni materiales que sean mejores que otros. Todos valen si te son útiles para conseguir lo que te propones. Y si recurres a alguna manía, no te preocupes demasiado: podemos entender que algunas extravagancias personales se justifican por la finalidad que en este caso se persigue: crear una obra de la que te puedas sentir satisfecho.
Después de leer estas seductoras sugerencias de José Mora, no queda lugar para la disculpa. ¡Vamos, a escribir!
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