jueves, 9 de diciembre de 2010

Mateo

He pasado dos semanas cuidando a mi nieto. Mateo tiene nueve meses. Varios estados febriles le han mantenido alejado de sus compañeros de guardería.
A mi nieto le he dado de comer, he consolado sus llantos; lo he rescatado de incómodos pañales. Lo he vestido con su ropita limpia, con sus pañales nuevos.
Lo he sacado de paseo, lo he acostado en su cuna y he acudido a calmar sus llantos.
Ahora, Mateo me busca con sus ojos, gatea, juega y se ríe conmigo; me pasa su manita por mi cara y me dice adiós.
Creo que Mateo me quiere.

Marcelino G. Puente

5 comentarios:

  1. Un acto que se repite con demasiada frecuencia entre los abuelos hoy dia.
    La vida de nuestros hijos tampoco está siendo facil, cuando se encuentran con estas situaciones si no fuera porque cuentan con los abuelos.
    ¡¡Claro que te quiere Mateo!!
    Por muy pequeño que se sea, siempre creo que se dan cuenta quien les da amor a ellos.
    Me gustó leerlo.
    Saludos

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  2. Muy tierno,a eso se le llama amor de abuelo, por cierto se nos olvido comprarte unos baberos cuando nació Mateo,(para ti claro,y seguro te seguirán haciendo falta durante mucho tiempo.Yo ya me estrene como abuela y es algo muy enriquecedor,saludos a Mateo de mi parte. Un beso.

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  3. Todas las atenciones y cuidados que dedicas al pequeño Mateo te distinguen como la excelente persona que yo creo que eres y que, para un abuelo de tu calidad, suponen para ti una gratificación tan apreciada que no puede compararse con ninguna otra.

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  4. Mateo tiene mucha suerte de tenerte como abuelo. Y tú, Marcelino, de tenerle a él como nieto, que se deja hacer todas esas ternuras. Dicen que los bebés nos copian nuestros gestos, yo siento, con mi niño, que le copio la sonrisa, sólo por eso, le abrazo cada día más.
    Gracias por compartir.
    Un beso muy grande a todos de Ángela (del taller en el 2008/2009).

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  5. "Creo que Mateo me quiere".
    Podía ser éste el título, incluso una frase que condensa un sentimiento muy profundo a flor de piel al tiempo.
    Si una flor reacciona con alegría cuando la riegan, un perro cuando le acaricias mueve el rabo, entonces, por añadidura lógica, Mateo tiene que "subir al cielo", cuando su abuelito le acaricia, le sonríe, y juega con él con tanto amor.
    Enhorabuena Marcelino, y a todos los abuelos del mundo, un homenaje desde mi corazón.

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