domingo, 18 de diciembre de 2011

LA HISTORIA DE TRES GOTAS DE AGUA DIFERENTES

Antes cuando iba por una playa no era consciente de las gotas de agua que se depositan en la orilla ni oía como hablaban entre ellas, pero un día que paseaba en silencio las oí relatar esta historia.

“En el país de las gotas de agua, toda la familia se concentraba en el cielo como lo habían hecho siempre, para luego, en un momento determinado, seguir la tradición de todas sus generaciones, viajar a la playa y formar parte del aire marino que se respira.

Durante todas las épocas siempre había sido así, pero esta vez había tres gotas especiales por su forma y colorido que no querían cumplir con esa tradición y presentaron una queja (la primera en el paraíso de las gotas) a la persona encargada de los viajes. Todos estaban muy sorprendidos porque ni las gotas más ancianas recordaban haber vivido una situación igual.

La primera gota de color azul, formaba parte de las lágrimas que una mujer de mediana edad derramó al llegar al cielo, por haber dejado en la tierra a su marido y sus hijos pequeños. Decía que ella tenía que hacer algo diferente y después de mucho deliberar, pidió permiso para dejar su gota en la orilla de la playa con el fin de que, sin saberlo, las familias que pasaran por allí apreciaran la alegría de estar juntas. El deseo se le autorizó y así lo hizo.

La segunda gota de color rojo era de un hombre joven que había muerto repentina y prematuramente. Esta gota decía que llevaba mucha rabia dentro como para viajar mansamente por el aire. Pensó que lo que quería era formar parte de esa ola que furiosa, azota sus aguas una y otra vez contra las rocas del litoral, hasta que perdiese esa rabia por esa vida no vivida. El deseo también se le concedió.

La tercera gota de color blanco como los cabellos de su dueña, habló tímidamente y dijo que formaba parte de la pena de una mujer anciana por haber dejado a su pareja de toda la vida, solo y enfermo en la tierra. Como no sabía que hacer, intentó quedarse en la orilla con la primera gota, pero vio que esa no era la solución. Acompañó a la segunda gota al arrecife para batirse con ella, pero tampoco era lo mejor para esta situación. Siguió pensando y después de intentar muchas cosas, pidió permiso para volver al cielo y desde allí, mezclada con el aire de la noche y con las estrellas, susurrarle al oído a su anciano marido, mientras dormía, lo mucho que le quería y le echaba de menos, con el fin de hacerle más llevadero el tiempo que estuvieran separados. Así le permitieron hacerlo”.

Desde que escuche este relato, procuro viajar sin prisa y en silencio por las orillas de la playa, para ver si oigo más historias como ésta.

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