miércoles, 7 de diciembre de 2011

Penoso despertar

Por fin, mi ilusión se iba a cumplir. Siempre había soñado con trabajar en el cine aunque fuera como figurante. El aristocrático director italiano me instruía con paciencia en el tono mesurado y la etiqueta con que debia decir mi única frase. Irrumpí en el encuadre, con mi chaleco de rayas y pajarita negra, dispuesto a anunciar ¡el té, señora condesa…!
Súbitamente, me hallé, blanco y negro, en el brumoso ambiente del café de Rick y, mientras sonaba el piano de Sam, me enamoraba otra vez de Ilsa. Yo lucía chaqueta cruzada de lanilla blanca e impecable pantalón negro y fumaba con displicencia un cigarrillo egipcio. Una voz, la mía, desde el patio de butacas me gritó: “Imbécil, te has equivocado de película”.

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